domingo, 22 de abril de 2012

Paisaje blanco.

Estoy perdido, rodeado de nada, en un desierto infinito en el que la única alma existente soy yo. Arena blanca y caliente, viento hirviendo y una camisa de cuero que solo se calienta en cada paso que doy es lo que me acompaña en esta travesía. Apuesto que caí de una cima y en el fondo estaba este pozo lleno de esqueletos sin piel alguna, la cual los zamuros gustaron hasta no poder más.
Las cosas que veo en el horizonte. Hay una silueta enorme al final del horizonte. Cada paso que doy me acerca a un espejismo de agua en el que deseo bañarme, cada paso que doy es un clavo de cruz en mi pie, no quiero seguir caminando, pero si me detengo apuesto que seré presa del sol, que cada segundo que pasa se acerca más a donde estoy.
Cada vez me acerco más. Han pasado mil horas, o eso es lo que juega mi mente, y mi reloj, él bastardo se burla de mí, cada vez que intento verlo el reflejo cruel del sol me hace dejar de curiosear y ver cuánto tiempo tengo perdido en este océano de arena clara.
No siento mi piel, apuesto que lo que solía ser piel que una vez tuve ahora es un acorazado rustico, que ni los mosquitos de muerte se atreverían a tocar, mis labios decolorados saben a sangre, sangre seca, sangre acida, sangre que no sacia mi sed ya que por algo los sigo mordiendo.
No han pasado 10 minutos, lo sé porque cuento el tiempo con mis manos, quiero desprenderme más de mi ropa, ya no soporto el aire caliente en mis zapatos y la horrible sensación de arena que se sentía como vidrio entre mis dedos. No puedo cerrar las manos, siento como la arena corta mis tendones y no puedo subirlas para cubrirme del sol, la debilidad me asecha mucho.
Llegué a ver agua en el desierto, pero eso no es lo que quiero, la estoy buscando a ella. Sé que si la encuentro podré despertar de esta pesadilla, de esta rebelión que juega mi mente, de este homicidio que quiere. Si la encuentro, podré escapar, podré perderme en ella en vez de en esta tumba tan hermosa.
Horas he pasado rodeando este lago del desierto, ya bajó el sol y subió la luna, ya puedo ver con claridad, pero no puedo verla a ella. No sé dónde está. ¿Será que caminé tanto en mi mente para no encontrarla? ¿Qué nunca estuvo aquí? Lo único que he podido ver es un gato posado en una piedra sobre el lago, que cruel nos la juega la vida, yo perdido en este desierto y el gato en una piedra que lo ahogara en un momento.
Ya puedo despertar del sueño, ya puedo ver que no estás en las sábanas blancas de mi cama, ya puedo empezar a pensar que no importa cuánto busque, si al final estarás perdida en el horizonte y yo estaré posado en una piedra, esperando a ahogarme en un lago rodeado por un blanco desierto.

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