viernes, 19 de octubre de 2012

Nota: Sentimiento nocturno.


Voy a echarme otro cigarro y a pensar en qué escribir, porque esta depresión constante no me deja ser feliz. Así como me hace infeliz, no me deja vivir y lo único que tengo que hacer en la vida es vivir. Vivir con la constante tristeza del pensamiento, al cual le miento para tratar de ser feliz, lo que no nos hace bien ni a ti ni a mí, porque somos uno, y si uno de los dos es infeliz, el otro no puede ser feliz. Todo lo que es vivir es una parábola o un ciclo de constante repetición. Dígame el silencio que queda en una pregunta y que en vez de responder te limitas a seguir. Son pequeñeces, pero como las pequeñeces te hacen feliz, también te hacen infeliz. 

La soledad está afuera, asomada en por encima de la pared.

lunes, 15 de octubre de 2012

Deseo.


El viento jugaba con su cabello aquella noche perdida, cruzaba entre su delgadez, a través de su tiempo, sintiendo la eternidad pasar entre la vida que vive y el color de su piel que juega con el matiz del café y el caramelo tostado. Sus ojos de un oscuro castaño, un casi negro carbón miraban mi alma como lo haría un alma pura en un entorno espiritual. No me importaba que viera mi alma, si ya antes de verla vio mi desnudez.
El mar me decía y le decía, pero ella no le entendía aunque lo escuchaba. Yo le decía lo que el mar me contaba, y ella reía y me miraba, con esa mirada tan desigual que tiende a doblar entre caminos cerrados y dar la vuelta para mirarme otra vez. Yo me perdía en ese camino que sus ojos recorrían, y al final siempre volvía. No me importaba perderme si era con ella o por ella, o por causas perdidas, porque al final siempre sabía que me encontraría, o ella o yo mismo, pero que no seguiría perdido.
Ni las estrellas podrían contar, ni contarse, las veces que me desvelé y soñé con ella luego de esa noche y luego de esta noche, porque de dormir no haría la diferencia porque soñar con ella estando dormido es igual a soñar con ella estando despierto. No hay algo que la vida no sepa, y no hay algo que a ella pueda ocultarle. El hecho de que me conozca mejor que yo mismo la convierte en lo mejor que tengo y mi peor enemigo. Nada puedo hacer si me cuido de ella porque el peligro es igual a su belleza y su belleza es lo que me llena de vida todos los días.
Nuestros reflejos se convirtieron en nuestros consejeros aquella vez que frente a un espejo la besaba. Ignorando si llovía o si hacía frío, o si el verano se adelantaba con sus olas de calor o si los colores se distorsionaban por nuestra respiración. Lo importante en ese encuentro entre cuatro rostros y cuatro paredes era comprendernos mejor y compartir nuestros secretos en silencios románticos y besos callados. Hablaríamos con nuestra mirada o besaríamos nuestros labios, no importaba lo que hiciéramos, pues era un encuentro natural y lo que es natural no se puede evitar.
Quisiera poder poner en más palabras y miles de más párrafos lo que quiero expresarles, pero son tantas las sensaciones, emociones, sabores, colores, olores e historias las que su presencia trae consigo cuando aparece en mi puerta o cuando en su ventana me asomo, que me resulta imposible sacar el aliento para poder hablar como una persona normal luego de que la encuentro, o luego de nuestros besos. Es difícil entender como en un cuerpo tan mortal como el que en la tierra poseemos se encierre tanto deseo hacia otro mortal. Aunque no está en mí amar a mortales, por eso estoy enamorado de la Luna delgada que en mis noches se pasa tendida, y en mis días aunque escondida está, puedo verla brillar.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La vida se la lleva.


¿Alguien sabe dónde está?
Por ahí me contaron que estaba perdida
En su propio mundo de locuras y fantasía.
Donde la soledad es mujer y el amor es poesía,
Una palabra que conoce bien, al parecer,
Pero que antes de ayer su léxico desconocía.

Ella bailaba y corría, cantaba y reía,
Se escondía de la poesía y le citaba cuando le veía,
Para que volteara, a ver si se veían y sus miradas cruzaban,
Pero nunca pasó, nunca se encontraban, aunque se conocían,
Ella y la poesía, ella y la vida, que antes de mañana se le escaparía.

Era tanto el tiempo que ella pasaba en su mundo de colores
Que confundió el valor de la canción que cantaba,
Y al mezclar la letra con otra tonada un bulto de odio se empacó en su mirada.
No de odio a alguien en particular, sino de odio a la vida,
Que se le escapó, junto con la poesía y el color del mundo en el que vivía.

Aunque no le quedaba mucho le quedó suficiente.
Aún tenía sus saltos de bailarina y su voz de ángel cantante,
El cuidado, el techo y abrigo que brindaba su amante,
La joyería que tantos le regalaron a su alegría,
Y otro montón de cosas que ella quería.

No sé si ella se conformaba con eso,
O si prefería la poesía, o la vida,
O la soledad o la alegría, pero, entre lo que tenía
Estaba un poeta que de noche le escribía,
Y de día, con ella en su mente vivía, hasta que se escapó su vida.

Hasta que su vida se le escapó, en un viaje,
Donde el tiempo infinito duraba un instante
Así que no había tiempo que perder.
Ni en cantos de llanto amargo, ni penas por venir
Ni juegos de ajedrez, ni pensar para decir.

En esos momentos de sus vidas, más que ellos mismos,
Los acompañaba la soledad de cada uno.
Les acariciaban sus cabellos y los hacían besarse,
Para perderse dentro de la poesía y los cantos de los labios rojos.
Dentro del mar adentro a descansar de los viajes,
Y de los escapes de la vida.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Soledad, soledad, soledad.


Hoy es otra de esas noches en las que no hago más que caminar en mi sala. Camino en círculos, corro, me desplazo de pared a pared en mi desesperación sin sentido. Me detengo a admirar las baldosas porque son lo único que queda en la casa que puedes ver con detalles. Ya no hay nada más. No estás tú, no estoy yo, no hay nadie, no hay nada. Ni siquiera ausencia. Sólo la soledad en la sala de espera, que cambia constantemente de color dependiendo de cómo me siento.
Pasa el tiempo y pienso en ella. Pasa el tiempo y pienso nada. Pasa el tiempo y dejo de pensar. Cada minuto que pasa es tiempo perdido en el que me gasto pensando y quemando mi mente, a tal punto en el que la locura es presente entre los cigarrillos que consumo todas las noches por el frío incierto que trae la despedida del ser que me mantiene despierto, o en defecto de su despedida, la falta de su presencia. No me quedan muchas opciones. Y no me queda de otra, salgo al patio en medio de la noche, rogando por seguridad en mi inseguridad.
Sé que no cambiaré, esto es un mal hábito. Deprimirme todas las noches al asomarme por la ventana a ver la luna y las estrellas. Sólo una luna y tantas estrellas viajeras. No importa lo mucho que grite todas las noches, la luna no me escuchará, no está en ella escuchar mortales. Sigo disfrutando de mi soledad y mis cigarrillos, en otra de esas noches viajeras, pasajeras, escurridizas y frecuentes, que aparecen para escapar de mí. La soledad, mi gran seguidora y mi amante más fiel. Mi novia perdida y mi futura traidora. No puedo decir cuánto la amo, porque así como me traiciona, yo la traiciono con la libertad.
Llamé tanto a la soledad en el espejo que decidió aparecer. Apareció por fuera de su velo y apariencia de mujer. Medía más que una pared y su mirada azul se tornó amarilla. Sus brazos dejaron de ser de abrazo para ser de asesinato. Su sonrisa y sus labios rojos perdieron el encanto en una figura guasonezca. Y su voz, dejó de ser afable y seductora para ser tétrica y aterradora… soledad se volvió mi guardián, y a la vez mi verdugo. Lo siguiente fue una revelación de mi vida, entre lágrimas de miedo y admiración al no creer lo que veía.
No podría poner en palabras las palabras que me dijo, solo puedo resumir en que debo temerle. Que nunca me abandona pero nunca lo veo. Que esta vez decidió aparecer para mostrarme lo que me espera si escojo abandonar la vida así como así. Mis ojos no creían que un ser tan bestial fuera mi asesino, y a la vez mi amigo. Pero así como lo pude apreciar, así con esas ganas quería escapar de él.
“Tenme miedo. Témeme como a nada en tu vida, pues seré lo último que verás cuando esta tenga que terminar. Tenme miedo así como temes la muerte del amor, así como temes a caer de tu altura. Tenme miedo, pequeño, pues cuando no tengas ese amor, esa amistad, y esa vida, vendré a buscarte, tarde o temprano. Cuando te quedes solo, me harás compañía.” Me dijo, antes de retirarme en silencio a perderme en la soledad de mi sala.
Luego de entrar y cerrar la puerta, me senté en mi antigua sala, me perdí en la oscuridad. Ahora que estoy solo, puedo dejar de ser yo y volverme parte de todo. De todo lo que es, de todo lo que será. Volverme uno con el universo que me rodea. Morir en la tranquilidad de mi silencio, con el sabor amargo del llanto eterno en mi piel. Unirme con la otra vida, el otro piso. Liberarme de mi cuerpo que está molesto con todo. Desaparecer. Pero antes de todo, quisiera preguntarte en algo. ¿Crees en monstruos? O mejor dicho, ¿Has sentido la soledad?

martes, 28 de agosto de 2012

De nombre adaptado. "Lucía."

"Le bastaba abrir los brazos para tener la medida de la ternura y el lazo que une la muerte con la vida, a Lucía.
Heredó de la mañana su condición de paloma, y volaba muy bajito para mirarse en su sombra, Lucía.
Festejaba el cumpleaños de la Luna día a día, y se tomaba la noche, y se tomaba la vida, y se tomaba los tiempos y los vientos de los montes, y se tomaba de un trago el silencio de los hombres, Lucía, la viva. Si hubiese tomado vino en lugar del horizonte cuánto menos hubiera vivido... cuánto menos hubiese soñado... cuánto menos la hubiese querido... cuánto menos la estaría extrañando... a Lucía. La viva. La mía... si es que el amor da alguna propiedad.
Era tanta la alegría y la vida de Lucía que tenía un mundo propio porque en este no cabía. Tenía una casa verde adentro de la poesía, poblada de mariposas en lugar de la cocina, Lucía tenía, y yo lo sabía. Tenía 500 años de puro desprejuiciada y una existencia sin puertas pero un montón de ventanas.
Un día cerró los libros y abrió contenta la vida, nadie entendió su alegría, y ella volvió a ser hormiga, Lucía. Hormiga.
Se voló de mi mano de la misma manera que hace un tiempo y dos veces en mis brazos caía. Se voló de mi mano pero yo ya sabía que la Paz es viajera, como las golondrinas. Eso sí que lo sabía. Y me pregunto. ¿A dónde irán las palomas cuando se sienten muy viejas? ¿O será que no envejecen? ¿O pasan a ser estrellas?
¿A dónde irán las palomas cuando ya no son hermosas? ¿O al igual que las mujeres se esconden por vanidosas?
¿A dónde irán las palomas que nunca me dejan pena? ¿O es que yo las continúo en todas las cosas buenas?
¿A dónde ha ido Lucía que mi alma ya no la llora? ¿O es que son la misma cosa el amor y las palomas?"

miércoles, 15 de agosto de 2012

Andar y parar, pero, ¿Qué estamos esperando?


Tu cuerpo ha caminado constantemente.
Esos ojos que antes no miraban a la oscuridad han comenzado a hacerlo por querer a lo desconocido.
Tus labios que antes besaban a la vida sin problemas ahora besan la muerte con lujuria.
Tus manos que antes perseguían su espalda dejaron de tener rumbo, y ahora se quedan acostadas.
Tu camino ha dejado de ser cierto para volverse un juego al azar en el que te equivocas sobre las cartas que llegarán.

Abrazaste con tus brazos sin fuerzas la idea de que nada es cierto. Y luego lo soltaste para entrar a un nuevo lugar.
Caminaste en círculos por décadas en un desierto infinito, creyendo que algo te esperaba cuando dejaste de andar.
Al ver que no veía por la niebla de sus emociones te adentraste en su búsqueda, sólo para perderte, para perderlos, porque la niebla se comió sus ojos.
Te llenaste la boca de despojos, de palabras vacías, y seguiste dando un discurso repetitivo y sinfín sobre cómo todo es mentira. Excepto tu ceguera, sordera y falta de voz.

En su partida se llevó todo de ti, y lo que dejó fue dolor. Dolor a ti, dolor a tu valor, haciéndote creer que vales menos, cuando eres el centro del valor en sí.
A llevarse tu voz cambiaste tus palabras. Al llevarse tus ojos miraste a los espejismos de felicidad. Y al poblar tus oídos de frases ilusorias dejaste de escuchar a quienes de verdad te hablaron.
Cambiaste la mayor parte de tu vida por creer que así te liberarías. Y esperaste a que cayera de una altura gloriosa para poder levantarlo, en lugar de ayudarlo a seguir subiendo.
Perdiste la gloria y la eternidad aun no llega. Pero no debes preocuparte, pues tienes la eternidad para esperar a que llegue.
Puedes seguir andando aunque sepas que te has perdido, pero no importa, en lo misterioso y desconocido encontrarás un camino.
Y al final, ese camino te ha de llevar a la página que tiene lo que quieres leer. Y luego de eso, podrás dejar de caminar tanto y acompañarnos en mi eternidad, y al final dormir en Paz.

Extrañamos verte dormir.

jueves, 2 de agosto de 2012

Preferencias.


En las noches melancólicas prefiero pensar y pensar. Y en lo único que pienso cuando la luna es mi techo es en la luna a la que solía escribirle, las cosas que solía decirle y las anécdotas que solía contarle, o en aquellas otras noches que no hacía nada más que admirarla y admirarla como un perdido admira el camino a casa.
Las siguientes mañanas son las puertas a mis nuevos encuentros. Son muchas puertas abiertas y una llave para una cerradura que no he encontrado. Aunque prefiero no abrirla ya que aún no ha llegado la mañana en la que pueda vernos a los dos en el espejo. O ver hacia arriba y que no haya sol, solo tú y yo y lo días venideros.
Las tardes son mis acompañantes favoritos del día. Van conmigo a donde vaya aunque no importe donde sea. Me siguen y tienen por seguro que no sé dónde me dirijo. Prefiero ir andando en ese camino inseguro y sin rutina, pues lo seguro no tiene misterio. Y quién sabe, tal vez si no sigo tu camino te encuentre.
Prefiero dejar la vida fuera de mi casa y que salte como bailarina entre cantos de armónicas. Mientras yo juego póker con altas apuestas con mis recuerdos y mi mente. Usando la almohada como una mesa y apostando el deseo de sentir sus labios y la salud de mi pensamiento en cada derrota. Prefiero jugar así, que vivir sin sus besos.
La muerte es eso a lo que no tememos los que vivimos sin vivir. El destino no es existente pues prefiero escribir mis propios pasos. Al final no creo en la vida después de la muerte pues cuando muera prefiero estar perdido en la nada que volver a vivir en un mundo vacío de sensaciones. Sé que eso será si vuelvo a la vida a vivir sin ella. Prefiero perderme que un segundo más sin ella.